A pesar de este hecho, en sus ratos libres sigue estudiando, buscando salir de esa pobreza cíclica a la que se veía abocada la familia. Más adelante consigue un empleo en un periódico, como reportero, y es donde descubrirá que su verdadera vocación es escribir, y compaginará su trabajo con la redacción de varios relatos cortos que comenzará a publicar al poco tiempo en diversas revistas. Por esta época su vida amorosa está ocupada por María Beadnell, una mujer muy hermosa y temperamental, pero fría y exigente, con la que romperá al cabo de unos años, desengañado por la indiferencia que ella le muestra. A través de la publicación de sus relatos cortos conoce al editor que es el padre de su futura esposa, una joven tranquila y hogareña, totalmente contraria a su anterior amada. Su nombre era Catherine Hogarth. Se casaron en 1836, el mismo año que él comenzó a publicar sus relatos cortos. Tenía entonces 24 años. Desde un primer momento sus obras tuvieron una gran acogida, y esto fue la tónica general a lo largo de toda su vida. Con menos de 30 años ya era un renombrado y económicamente solvente escritor. En 1842 decide tomarse un descanso y viaja a América acompañado de su mujer. Le decepciona lo que ve allí, a pesar de que es agasajado en todas las ciudades a las que va, pues esperaba una sociedad más igualitaria y plural y encuentra las mismas corruptelas y discriminaciones que en su país de origen. A su vuelta de América continúa escribiendo, realizando esporádicamente viajes cortos a distintas ciudades europeas. Mientras que su desarrollo profesional va encumbrándose a lo largo de los años, su vida personal va decreciendo paulatinamente. Tuvo 10 hijos durante su matrimonio con Catherine, pero no fue una convivencia feliz. Ella no le aportaba la chispa que él buscaba en su pareja, y cada vez se sentía más deprimido. Finalmente, conoció a una joven actriz llamada Ellen Tesnan, que supo darle alegría a los últimos años de su vida, a pesar de que las diferencias de edad terminarían haciéndose patentes con el paso del tiempo. Se separó de su mujer en 1858 y esto le supuso afrontar un gran escándalo social, ya que este hecho estaba muy mal visto en la Inglaterra victoriana. A pesar de todo, su público nunca le abandonó, y cuando Dickens atravesó todo el país recitando sus obras, el seguimiento fue incomparable. Mantuvo esta práctica hasta casi el final de su vida, porque afirmaba que lo que más le gustaba era el contacto con sus lectores. Murió en 1870, de una apoplejía. |