El joven príncipe se impresionó vivamente al descubrir el sufrimiento de la gente, viendo nada más abandonar el palacio , a un hombre muy enfermo, a un hombre muy viejo, un entierro y por último un sacerdote, el único que mostraba paz en su rostro.
Decidió encontrar la causa del sufrimiento y el alivio a estos males por medio del conocimiento, lo que le llevó a abandonar su palacio, su reino, su familia, su mujer e hijo.
Durante 6 años estuvo haciendo vida de ayuno y de asceta hasta casi encontrar la muerte por inanición. Llevó a la conclusión que ese no debía ser el camino, por lo que decidió abandonarlo al aceptar unas gotas de leche de manos de una campesina que se apiadó de su estado lamentable. Con energías renovadas comenzó una nueva meditación sentado bajo loas hojas de un árbol que desde entonces se conoció como el árbol Bodhi, o de la sabiduría. Al final de muchos días y noches sin para de meditar, venciendo a la tentación de abandonar todo y regresar a su antiguo hogar, recibió la iluminación y con ella se transformó en “Buda”, que significa “el iluminado”.
A partir de entonces comenzó a predicar su conocimiento basado en las 4 verdades del budismo:
1ª: La vida es sufrimiento, y no se termina con la muerte, ya que estamos dentro de un ciclo que se perpetua con la reencarnación.
2ª : La causa del sufrimiento es que el hombre desconoce la naturaleza de la realidad, tiene apego a las cosas materiales.
3ª: Se puede poner fin al sufrimiento si se logra superar esa ignorancia y se libera de las ataduras mundanas.
4ª: El camino para terminar con el sufrimiento es la senda de las 8 etapas, que constituye uno de los pilares del budismo. Básicamente las etapas podrían resumirse así:
1.- Tener una adecuada visión de las cosas.
2.- Tener buenas intenciones.
3.- Practicar un modo de expresión correcto.
4.- Realizar buenas acciones.
5.- Seguir un modo de vida adecuado.
6.- Esforzarse de forma positiva.
7.- Tener buenos pensamientos.
8.- Dedicarse a la contemplación adecuadamente.
Todas estas enseñanzas se encuentran en los escritos budistas que recopilaron sus seguidores, ya que él no escribió nunca nada. A su muerte, con 80 años, el árbol bajo el que se encontraba tumbado, floreció .